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Páginas de Granada



El objeto de estas páginas es difundir todos aquellos documentos que, por sus características, conforman una visión de Granada y sus tradiciones desde una forma idealizada, costumbrista y romántica, tan abundante en los escritores granadinos del siglo XIX y principios del siglo XX, donde tienen cabida desde descripciones de tradiciones y fiestas típicas de Granada hasta la de personajes populares granadinos tan conocidos como Picio o el Sastre de Campillo.

Comenzamos con “El día de San Antón”


Marín Garés, Isidoro. Escena campestre. Siglo XX, Colección Municipal

EL DÍA DE SAN ANTÓN
En los olivaritos,
niña, te espero
con un jarro de vino
y un pan casero

CAMINITO de Huétor, paseo del sol y la alegría ¡cuán favorecido el 17 de Enero!
La niebla densísima que muy de mañana envolvía en tules misteriosos los verdes olivares, se levantó a las alturas y se fue replegando hacia los picachos de la Sierra. Como velos de desposada, toda vestida de blanco, hechos jirones por el amor, flotaban aquellas gasas acuosas sobre los hombros de esos centinelas de nuestro territorio que se llaman Mulhacén y Veleta. Aún poblaba la niebla los valles del Jenil [sic]. Mirándolos, creí ver el mar. Los pueblos que allá en la llanura blanqueaban parecían islotes acariciados por las espuma de las olas.
Ante la hermosura del paisaje, me olvidé de todo. La algazara que reinaba en los ventorrillos, el rodar de los coches, el eco halagador y melancólico del canto popular despertó en mí la conciencia de la realidad. Estaba en plena fiesta de San Antón. El camino de Huétor parecía el camino de la felicidad.
San Antón el Viejo no esperaba ya á la gente. Los labradores de hogaño no enjaezaban, como los de antaño, sus caballerías “con pretales de cascabeles, cintas en las crines y pobladas moñas en las atacolas”
La alegría retozaba por todas partes. Á la sombra del árbol de mi tierra, al pie de cada olivo, estaba acampada una caravana juvenil. Por entre el ramaje verdoso obscuro [sic] penetraba el sol buscando los ojos de las granadinas. Los viejos troncos se estremecían de placer, al sentirse acariciados suavemente por el perfumado airecillo que levantaba el ir y venir de cuerpos gráciles que columpiaban manos varoniles y en los surcos reverdecían las simientes y crecían como aristas del deseo que buscasen el cielo en las alturas.
Allí, al aire libre, el plato clásico, las hablas con cabeza de cerdo, distribuíanse entre los que formaban cada grupo. El vino de la tierra perfumaba la boca. El sol ardiente enrojecía los rostros. Á los chillidos que partían de los columpios, uníase el dulce quejido de las coplas andaluzas, entonadas al compás de la guitarra.
Por la impresión del momento no es posible dar idea del cuadro. Se admira, se siente, se goza pero la pluma, como el pincel, se rebela á trasladar al papel la luz, la alegría, lo más bello de la costumbre, lo más íntimo de la fiesta.
Si habéis recorrido este día el camino de Huétor, si lo habéis observado todo, si habéis llegado hasta el último ventorrillo, os habréis convencido de cuán verdad es el dicho popular.
San Antón – saca las viejas del rincón.
Que en Andalucía, hasta la vejez siente en sí revivir los bríos de la Juventud.

Gil Griman, Rodolfo. El país de los sueños, Granada: Tip. Lit. Paulino V. Traveset, 1901







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